Playa de San Juan de la Canal, acceso

Icono Español. Icon Spanish. Playa de San Juan de la Canal La Playa de San Juan de la Canal está situada en la localidad de Soto de la Marina, perteneciente al municipio de Santa Cruz de Bezana. Es una pequeña playa emplazada en un entorno rocoso, al abrigo del Mar Cantábrico. Su fondo marino arenoso se mezcla con rocas, presentes en la zona. Dispone de varias zonas de aparcamiento anexas a la playa. Existen varios puntos de entrada.

San Juan de la Canal Beach, access

Icono Inglés. Icon English. Playa de San Juan de la Canal The Beach of San Juan of the Canal is placed in the locality of Soto de la Marina, belonging to the municipality of Santa Cruz de Bezana. It is a small beach located in a rocky environment, sheltered by the Cantabrian Sea. Its sandy sea bed is mixed with rocks, which are present in the zone. It has several zones of parking near to the beach. The access has several points of entry .

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Access: San Juan de la Canal beach

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Playa de San Juan de la Canal, localización

Icono Español. Icon Spanish La Playa de San Juan de la Canal está situada en la localidad de Soto de la Marina, perteneciente al municipio de Santa Cruz de Bezana. El viaje se realiza por autovía y finaliza por la carretera nacional CA-300 (oeste) ó la CA-231 (este). Se muestran a continuación como puntos de partida Oviedo, Palencia, Santander y Bilbao.

San Juan de la Canal Beach, localization

Icono Inglés. Icon English The Beach of San Juan de la Canal is placed in the locality of Soto de la Marina, belonging to the municipality of Santa Cruz de Bezana. The trip is realized by motorway and finishes for the national road CA-300 (west) or CA-231 (east). Shown below as starting points Oviedo, Palencia, Santander and Bilbao.

Icono español-inglés. Icon Spanish-English Localización/Localization

Oviedo, Playa de San Juan de la Canal: LocalizationPalencia, Playa de San Juan de la Canal: localizationBilbao,  Playa de San Juan de la Canal: localizationSantander,  Playa de San Juan de la Canal: localization

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Carretera de la costa. I

Icono Español. Icon Spanish La borrasca, con el paso de los días, se desplazó hacia la costa cantábrica. El temporal, que habitaba en alta mar, mantuvo a la flota pesquera amarrada a puerto. Sobre Cantabria arreciaban las lluvias con tal intensidad que daba la impresión de no tener final. El jueves el clima descansó, apareciendo nubes bajas y claras. El día permaneció nublado. En las noticias predecían la llegada de un anticiclón.

Habíamos quedado a las nueve de la mañana en la segunda Playa del Sardinero. Después de cargar el equipo, me dirigí hacia las playas. La entrada a Santander registraba el transito habitual de un día laboral. Llegando a la rotonda, que se encuentra contigua al Parque de la Marga, iba apareciendo la Darsena de Maliaño; ocultada parcialmente por los edificios de entrada a la capital. Los barcos pesqueros, atracados en el puerto, se disponían en fila. Juntos, entre ellos y el balanceo provocado por el estado del mar, formaban un todo con sus partes. Movimiento rítmico y libre que evocaba en mi cabeza antiguas historias de pescadores disfrutadas en la infancia. Gente yendo hacia la lonja de pescado, marineros revisando los equipos, y un movimiento de algunas personas que desperezadas parecían ansiar recuperar los días inhábiles que causó el temporal. Avanzando por la carretera, dejando atrás la Biblioteca Central de Cantabria, apareció la parada del Ferry que llega de Playmouth; a su izquierda los Jardines de Pereda continuaban en obras. Atajando por el Túnel de Tetúan, llegué al Sardinero.

El final de la carretera, es esta zona, termina en una rotonda que da acceso a los restaurantes y hoteles que con ella se anexan. Comienza aquí un paseo que se prolonga a lo largo de unos kilómetros, siendo la primer parada el Palacio de la Magdalena. El oleaje sufrido los días previos causo desperfectos en negocios y bajos cercanos. El arenal moldeado por la tempestad cambio su forma, reduciendo el volumen de arena en la playa que fue dispersado en las zonas próximas. La policía local había acordonado las áreas devastadas. Charcos de agua cubrían la carretera y el adoquinado. Las ramas rotas de los árboles hablaban de las dimensiones de la borrasca. Bajé del coche con cara de perplejidad. Un señor, que regresaba con su periódico, comentó: “niño, la fuerza del cantábrico, esto siempre ha ocurrido. Tan antiguo como el mundo”. Se fue alejando con una sonrisa, yo asentí con una mueca.

Junto a un banco, apoyados, estaban los colegas Dani e Irne. Después de saludarnos, permanecimos en silencio durante unos minutos. Tiempo después llegó un camión, con personal del ayuntamiento, para retirar los desperfectos. En Cabo Menor las olas chocaban contra las rocas proyectando una columna de agua blanca que se elevaba varios metros. En la playa las olas que llegaban rompían irregularmente cubriendo con un manto de espuma las zonas útiles para practicar surf. Al mediodía, con la pleamar, las condiciones iban a mejorar. Después de charlar un buen rato y vivir las sensaciones del entorno, fuimos a desayunar.

Coast Highway. I

Icono Inglés. Icon English The tempest, with the nature of the days, moved towards the Cantabrian coast. The temporary, which was living far from the coast, forced the fishing vessels to remain docked at port. On Cantabria the rains were growing worse with such an intensity that was giving the impression of not having end. On Thursday the climate rested, appearing low and clear clouds. The day remained cloudy. In the news it was predicting the arrival of an anticyclone.

We had stayed at nine o’clock in the morning in the second Beach of the Sardinero. After loading the equipment, I went towards the beaches. The entry to Santander was registering the habitual traffic of a labor day. Coming to the roundabout, which is contiguous to La Marga Park, Maliaño’s Dock was appearing; concealed partially by the buildings of entry to the capital. The fishing ships, were in row. Together, between them and the balancing provoked by the condition of the sea, forming a single thing with its parts. Rhythmic and free movement that evoked fishermen’s former histories that I enjoyed when I was a child. People were going to the fish market, sailors were checking the equipments, and a movement of some persons who seemed to desire and recover the non-working days that the temporary caused. Advancing through the road, leaving behind the Central Library of Cantabria, there appeared the season of the Ferry that comes from Playmouth; to its left side the Pereda Gardens was continuing in works. Taking a short cut by Tetúan’s Tunnel, I came to the Sardinero.

The final of the road, it is this zone, ends in a roundabout that leads to the restaurants and hotels that with it are annexed. It begins here a avenue that extends along some kilometres, being its first point the Palace of La Magdalena. The waves that were lived the previous days caused damages in business and mezzanines. The sandbank molded by the tempest changed its form, reducing the volume of sand in the beach that was dispersed in the next zones. The city police had sealed the devastated areas. Water puddles were covering the road and the paved one. The torn branches of the trees were speaking about the dimensions of the tempest. I went down the car with face of perplexity. A gentleman, who was returning with his newspaper, commented: ” kid, the force of the Cantabrian Sea, this always has happened. So ancient as the world “. He was moving away with a smile, I answered with a grimace.

Close to a bank, supported, there were the colleagues Dani and Irne. After greeting ourselves, we remained silently during a few minutes. Time later came a truck, with personnel of the town hall, to withdraw the damages. In Cabo Menor, the waves were hitting against the rocks; projecting a column of white water that was rising several meters. In the beach the waves that were coming were breaking irregularly, covering with a mantle of foam the useful zones to practise surf. To the midday, with the high tide, the conditions were going to improve. After chatting a good moment and living the sensations of the environment, we went to have breakfast.

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Playa de Comillas, acceso

Icono Español. Icon Spanish. Playa de Comillas, La playa de Comillas está situada en el municipio de Comillas, en la costa occidental de Cantabria. Es una playa urbana, ubicada dentro de la localidad. Está bordeada por un Paseo Marítimo, al que se llega atravesando Comillas. Cuenta con un amplio aparcamiento y varios puntos de entrada al arenal.

Comillas Beach, access

Icono Inglés. Icon English. Playa de Comillas, The beach of Comillas is placed in the municipality of Comillas, in the western coast of Cantabria. It is an urban beach located inside the locality. It is bordered by a promenade, to which you will arrive through the city. It possesses a wide parking and several points of entry to the sandbank.

Icono español-inglés. Icon Spanish-English. Playa de Comillas, Acceso/Access

Acces: Comillas beach

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Playa de Comillas, localización

Icono Español. Icon Spanish La playa de Comillas se encuentra en la localidad de Comillas, ubicada en la costa occidental de Cantabria. El viaje se realiza por autovía , finalizando por la carretera nacional CA-135; desde el este y CA-131 desde el oeste. Se muestran a continuación como puntos de partida Oviedo, Palencia, Santander y Bilbao.

Comillas beach, localization

Icono Inglés. Icon English The beach of Comillas is in the locality of Comillas, placed in the western coast of Cantabria. The trip is realized by motorway, finishing for the national road CA-135; from the east and CA-131 from the west. Shown below as starting points Oviedo, Palencia, Santander and Bilbao.

Icono español-inglés. Icon Spanish-English Localización/Localization

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Carretera de la costa

Icono Español. Icon Spanish El verano ya había traspasado su mitad y el mes de septiembre se acercaba en el calendario. Los anticiclones de la estación estival, ayudados por la estacionalidad del clima veraniego, redujeron la presencia de olas; afectando esto a su tamaño. Desde Junio, las semanas de buenas condiciones se alternaron con otras de menos calidad.

Sentados en una terraza, al atardecer, charlábamos sobre temas variopintos. El mes de Agosto terminaría en una semana con la llegada de una borrasca. Historias y planes se cruzaban en las conversaciones. En el horizonte temporal, la vista fijaba su atención hacia Septiembre. En aquella tarde relajada, acompañada por el ocaso del día, las distracciones abundaban en la reunión. El mar sonaba de fondo, proporcionando un mantra natural y anhelante. Aquellos estímulos parieron la idea de recorrer parte de la costa cántabra en busca de olas, cuando vendrían las mejores condiciones.

Transcurrieron los días ensimismados en su cotidianidad. Consultando las predicciones y mirando al cielo, llegó el mal tiempo. Durante cuatro días estuvo lloviendo, por las noches amainaba. Al principio, el agua apenas registraba su paso por la carretera. Al final, la lluvia refrescó los campos, dotando a estos de un fugaz verdor. El olor a humedad e hierba fresca estaba presente en el paisaje; como un elemento consustancial. Las noticias internacionales hablaban del temporal que estaba sufriendo el sur de Gran Bretaña. En la televisión, las imágenes de grandes olas y el paso de la gran borrasca inundaba los informativos. El otoño anticipaba su llegada y los meteorólogos hacían hincapié en los beneficios del agua recibida, aclarando que la peor parte se estaba dando en alta mar. Llamé a un colega para ir pensando en el recorrido. Preparando cada uno su material, acordamos vernos el próximo fin de semana; al comienzo de las mejores condiciones.

Coast Highway

Icono Inglés. Icon English The summer had already happened its middle and September was approaching in the calendar. The anticyclones of the summer station, helped by the seasonal variation of the summer climate, had reduced the presence of waves; affecting this to its size. Since June, the weeks of good conditions had been alternated with others of fewer quality.

Sat in a terrace, at the end of the afternoon, we talked on various topics. August would end in one week with the arrival of a low pressure. Histories and plans were mixed in the conversations. In the temporary horizon, the sight was fixing its attention around September. In that relaxed evening, accompanied by the sunset of the day, the distractions were abounding in the meeting. The sea was sounding in the background, providing a natural and yearning mantra. Those stimuli gave birth to the idea of crossing part of the Cantabrian coast in search of waves, when the best conditions would come.

The days passed centered in its commonness. Seeking the predictions and looking at the sky, the bad weather came. For four days it was raining, the conditions was subsiding in the nights. Initially, the water scarcely was registering its step along the road. Ultimately, the water refreshed the fields, providing them with a fleeting greenery. The smell of dampness and fresh grass was present in the landscape; as a consubstantial element. The international news was speaking about the temporary that was suffering the south of Great Britain. In the television, the images of big waves and the step of the great tempest was flooding the newscast. The autumn was warning of its future arrival and the meteorologists were emphasizing in the benefits of the received water, clarifying that the worst part was given in the Sea. I called a colleague; to think about the tour. Preparing each one his material, we were agree to meet the next weekend; at the beginning of the best conditions.

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Playa de Covachos, acceso

Icono Español. Icon Spanish. Playa de San Julián La Playa de Covachos está situada en la localidad de Soto de la Marina, perteneciente al municipio de Santa Cruz de Bezana. Es una ensenada de gran belleza, ubicada en mar abierto y coronada por la Isla del Castro; que habilita dos playas en la misma zona. El aparcamiento es escaso y alejado de la entrada al arenal. El acceso se hace por medio de una escalera construida sobre el acantilado en su parte más baja.

Consejo: tener precaución por las fuertes corrientes y la fuerza del mar en la zona.

Beach of Covachos, access

Icono Inglés. Icon English. Playa de San Julián The Beach of Covachos is placed in the locality of Soto de la Marina, belonging to the municipality of Santa Cruz de Bezana. It is an inlet of great beauty, located on the open sea and crowned by the Island of the Castro; that creates two zones in the same beach. The parking is scanty and it is removed of the entry to the sandbank. The access is done by means of a stairs constructed on the cliff in his lower part.

Advice: to take precaution as the strong currents and the power of the sea in the zone.

Icono español-inglés. Icon Spanish-English. Playa de San Julián Acceso/Access

Access, Covachos

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Playa de Covachos, localización

Icono Español. Icon Spanish La Playa de Covachos es una cala rocosa creada por la erosión del mar a lo largo del tiempo. Está situada en la localidad de Soto de la Marina, en el municipio de Santa Cruz de Bezana. Al oeste de Santander, mira a mar abierto. El viaje se realiza por autovía y finaliza por la carretera nacional CA-231. Se muestran a continuación como puntos de partida Oviedo, Palencia, Santander y Bilbao.

Covachos Beach, localization

Icono Inglés. Icon English Covachos Beach is a rocky cove created by the effect of the sea through the time. It is placed in the locality of Soto de la Marina, in the municipality of Santa Cruz de Bezana. To the west of Santander, it is in open sea. The trip is realized by motorway and it finishes for the national road CA-231. Shown below as starting points Oviedo, Palencia, Santander and Bilbao.

Icono español-inglés. Icon Spanish-English Localización/Localization

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Momentos de Liencres. Domingo, ocaso

Icono Español. Icon Spanish El día anterior se prolongo hasta la madrugada. Después de una barbacoa en un restaurante de la zona, regresamos a la playa. Pasada la medianoche, con la Luna de fondo, nos sentamos sobre la arena. La gente charlaba del buen día de olas que habíamos tenido. Maniobras, lugares especiales, spots vírgenes y viajes eran algunos de los temas de conversación. Algunas furgonetas y otros vehículos, dispersos por el aparcamiento, albergaban más gente. Un ambiente excitante y sencillamente feliz reinaba en Liencres.

Allí encontré a Fabio. Este colega italiano, que lleva viviendo en Santander desde hace cinco años, estaba de fin de semana con unos amigos de su tierra. Preguntando por su día, me enteré que habían surfeado en Canallave olas cercanas a los tres metros. Mezclaban se la pasión, las personas y los grupos, rompiendo las distancias que se imponen en la capital, pues la libertad que el mar regala sobrevuela por encima del mundano ruido. Otro amigo suyo vino a pedir las llaves del coche. Presentados todos, al hablar del mar y la comida, reaccionaba con un enérgico gesto de afirmación y repetía unas palabras. Risas y música formaban una algarabía espontanea. Diferentes momentos, como huellas en un camino, aparecieron, existieron, vivieron hasta bien entrada la madrugada que finalizó con un dulce sueño.

Durante la mañana del Domingo las horas pasaron, para recuperar el cansancio de los días anteriores. A las tres de la tarde sonó el teléfono. A partir de las cinco nos volveríamos a encontrar en la playa. Recogí a un amigo en el centro de la ciudad, el resto seguía su ritmo; desconectado, perdido o ya en Liencres. El trayecto hasta Valdearenas sucedió con rapidez, la música acompañó el viaje y las historietas aceleraron la llegada. Con menos gente en la playa, el aparcamiento presentaba media ocupación. Un grupo de niños correteaba alrededor del puesto de socorristas, detrás las olas; dispersas en varios picos a lo largo del arenal. Preparados, fuimos caminado hasta la mitad de la playa. Un breve calentamiento precedió a la entrada. El contacto con el agua produjo una sensación agradable, reminiscencia arcaica difícil de describir. Remando lentamente, emprendimos el camino hacia las olas. La orilla se iba alejando a nuestras espaldas, empequeñeciendo toda la zona.

Llegamos a un punto desocupado. Permanecí sentado sobre la tabla durante un buen rato. A ambos lados de nuestra posición, más gente. Las olas corrían livianas, descargando energía en su trayecto y transportando sobre sí surfers ávidos de pasión. El olor del mar era multiplicado por una tenue brisa que se desplazaba sobre el agua. Una ola mayor pasó. En su transcurrir, un movimiento ondulante nos elevó, para bajar después el nivel por debajo de la cota marina. Gotas de agua salpicaban en la parte trasera de la onda, desprendidas de la cresta; produciendo un sonido progresivo que recorría unos metros y tamizaba la superficie. Multitud de detalles distrajeron nuestra atención y agotaron media hora en el reloj.

Otra ola asomó. Su tamaño la hacia perceptible en la distancia. Separados, cada uno eligió un lado. Ella avanzó con brío. Agité la mano, un silbido sonó al otro lado. Al contacto con la pared salimos disparados en busca del viaje. A dos metros de altura, la fuerza de la onda, arrastró la tabla . Tumbado, avancé varios metros hasta estabilizar el paso, para elevarme y descender hasta la base. El sonido del agua chocando pasaba a través de mí. Giré a la derecha, dejando atrás el rizo que apareció. En dirección a la cima de nuevo, dibujé una curva alargada. Otro giro para continuar. Navegando cerca del tope, corrió la tabla hacia la salida. Flexionado, con la mano rozando el muro, adelanté la rotura. Continuó la ola hasta la orilla, removiendo el agua, perdiendo fuerza. Aterrizando sobre la tabla, alcancé el extremo lejano de aquel área.

Un grupo de colegas se concentraba en una zona. Remando llegué hasta ellos. Sentado, estiré los brazos. Cargados de sensaciones, entre bromas, avanzó la tarde. El Sol, oculto por las nubes, emprendía su transformación hacia el final del día. La temperatura del agua animaba a seguir en el mar. Oteando el horizonte, volví la mirada hacia Robayera. Allí un claro se abrió, proyectando una elipse de luz sobre la superficie del mar. Durante unos segundos, permaneció aquella imagen; congelando el tiempo en un hermoso y sencillo recuerdo final.

Moments of Liencres. Sunday, sunset

Icono Inglés. Icon English The previous day was prolonged until the dawn. After a barbecue in a restaurant of the zone, we returned to the beach. Around the midnight, with the Moon of bottom, we sat down on the sand. Everybody were chatting of the good day of waves that we had had. Maneuvers, special places, virgin spots and trips were some of the topics of conversation. Some vans and other vehicles, dispersed in the parking, had more people. An exciting and simply happy environment was reigning in Liencres.

There, I found Fabio. This Italian colleague, who lives in Santander since five years ago, was of weekend with a few friends of his land. Asking him about his day, I found out that they had been surfing in Canallave; waves near to three meters. The passion, the persons and the groups, were mixing, breaking the distances that are imposed in the capital, because of the freedom that the sea gives and overflies over the mundane noise. Another friend of him came to ask for the keys of the car. After the presentations, when we spoke about the sea and gastronomy; he was reacting with an energetic gesture of affirmation and was repeating a some words. Laughs and music were forming a spontaneous gabble. Different moments, as prints in the way, had appeared; existed and lived, up to the the early morning that finished with a sweet dream.

During the Sunday morning the hours happened, to recover the weariness of the previous days. At three o’clock in the afternoon the telephone rang. At five o’clock we would return to the beach. I met a friend in the downtown, the rest was following his pace; disconnected, lost or already in Liencres. The distance up to Valdearenas happened with rapidity, the music accompanied the trip and the tales accelerated the arrival. With fewer people in the beach, the parking was presenting half occupation. A group of children was running around the rescuers’ position, behind there were the waves; that were dispersed in several beaks along of the sandbank. Prepared, we went up to the medium of the beach. A brief warming preceded at the entry. The contact with the water produced an agreeable sensation, archaic reminiscence difficult to describe. Rowing slowly, we started the way towards the waves. The shore was moving away to our backs, minimizing the whole environment.

We came to one unoccupied zona. I remained sat on the board during a good moment. On both sides of our position, more people. The waves were running softly, loosing energy in its distance and transporting on them surfers eager for passion. The smell of the sea was multiplied by a tenuous breeze that was moving on the water. A bigger wave happened. In its life, an undulating movement raised us up, to lower later the level below the marine level. Water drops were splashing in the back part of the wave, falling from the top; producing a progressive sound that was crossing a few meters and was sifting the surface. Multitude of details got our attention, exhausting half an hour in the clock.

Another wave began. Its size made it perceptible in the distance. Separated, each one chose a side. It advanced with force. I waved the hand, a hiss sounded to the other side. At the contact with the wall, we shot to search the trip. Two meters of height, the speed of the wave, dragged the board. Knocked down, I advanced several meters up to stabilizing it, to raise me up and to get down to the base. The sound of the water hitting was flying through me. I turned to the right, leaving behind the curl that appeared. Towards the top again, I drew an elongated curve. Another draft to continue. Sailing near the ceiling, it moved the board to the exit. Inflected, with the hand rubbing the wall, I advanced in front of the closure. It continued up to the shore, removing the water, losing its energy. Landing on the board, I reached the distant end of that area.

A group of colleagues was centering in a zone. Rowing, I went to them. Sat, I stretched the arms. Loaded with sensations, between jokes, it advanced the evening. The Sun, which was hid for the clouds, was undertaking its transformation towards the end of the day. The temperature of the water was encouraging to continuing in the sea. Looking over the horizon, I turned the look towards Robayera. There, a clear one was opened, projecting an ellipse of light on the surface of the sea. During a few seconds, it remained that image; freezing the time in a beautiful and simple final recollection.

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