Carretera de la costa. II

Icono Español. Icon Spanish A través de la ventana veíamos la playa y el paseo colindante. Los operarios continuaron su trabajo, afanados en limpiar los escombros. La gente agolpada en las vayas miraba y comentaba lo sucedido. El día levantó, las nubes se dispersaron y el Sol lucía; llenando toda la avenida de color.

Irne habló de La Vaca. Olas de diez metros también arrasaron el norte de Santander. La orografía de la Costa Quebrada se convirtió en los días previos en un amplificador del estado de la mar; transformando en sonido la energía del oleaje. Grandes estruendos se escucharon, seguidos de un degradado tintineo que era interrumpido por un nuevo golpe “seco” y violento. Sin embargo, las consecuencias no llegaron a tierra firme. Dani decía que aquello era para surfers de grandes olas y que los bajos de rocas afiladas con semejante estado del mar debían ser evitables.

Al fondo del aparcamiento estacionó una furgoneta. La puerta lateral se abrió, apareciendo cuatro personas con bolsas de deporte que posaron en el suelo. Acto seguido, comenzaron a descargar las tablas y vistieron sus trajes de surf. La distancia hasta la playa sirvió de suave calentamiento, antes de ingresar en el agua. Fueron hacia El Muro, estrenando el día de olas que aún no había registrado gente en el mar. Las ondas eran, al mediodía, regulares y alargadas. Suministraban diferentes trazados dependiendo de la zona. EL tamaño, que sobrepasaba el metro y medio,
albergaba en su mitad viajes suaves y espontáneos. Jugaba el mar con su volumen de agua, describiendo formas de gran belleza y entonando un canto de sirena que abría la puerta al día de surf que iba a empezar.

Sobre la cresta de una ola cabalgó uno de aquellos surfers. Resbalando sobre el cierre avanzó varios metros, para aterrizar sobre la espuma, manteniendo el equilibrio. Dani terminó su café y regresamos a buscar los equipos. El Muro esperaba el avance de la marea. Ola tras ola moldeaba un tobogán que abría a izquierdas, rizando la cresta cerca de la pared y prolongando el trazado más allá del rizo. Accedimos al arenal por la penúltima entrada. Irne señaló a lo lejos, una ola grande caminaba sobre la superficie. Tras chocar contra el muro de roca, describió una silueta combada que alcanzó una distancia grande.

El agua cálida de septiembre recordaba las temperaturas altas del verano. Fuimos remando e intercambiando impresiones sobre la calidad presente, las mejores zonas y el fondo rocoso. Irne llegó primero y se colocó al principio de la recta, debajo del semicírculo que sustenta la rotonda del final de la carretera. Buscando con atención cualquier cambio del mar, fuimos oteando el horizonte. Las emociones y los deseos aumentaban su presencia, haciendo olvidar el propio peso corporal. Llegó la primer ola de aquel día, colmada de pasión. Irne, elevado por el agua, salió disparado. Perdimos su rastro, ocultado por la envergadura de la onda. Dani desplazó su tabla a media distancia de mi posición. Poco tiempo después arribó la segunda. El volumen de agua elevó mi tabla a la altura de la carretera. Allí subido, por el peso de la emoción que tiraba de mi hacia adelante, emprendí el descenso. Cortando a izquierdas contacté con el agua. Avancé con la mano rozando la superficie rampante. La panorámica que disfrutaba en aquella perspectiva, me provocó una sensación a modo de sabor saciante que sin embargo dotaba el viaje de ligereza. Fue la ola perdiendo su fuerza hasta igualarse con el nivel del mar. Ya tumbado, regrese rapidamente al mismo punto.

Coast Highway. II

Icono Inglés. Icon English Across the window we saw the beach and the adjacent promenade. The workers continued the work, busy in cleaning the rubbles. The people heaped in the fences was looking and commenting about what happened. The day improved, the clouds dispersed and the Sun was shining; filling the whole avenue of color.

Irne spoke about La Vaca. Waves of ten meters also devastated the north of Santander. The orography of the Quebrada Coast turned in the previous days into an amplifier of the condition of the sea; transforming into sound the wave energy. Big uproars were listened, followed by a degraded tinkling that was interrupted by a new dry and violent blow. Nevertheless, the consequences did not come to firm land. Dani was saying that La Vaca’s waves were for surfers of big waves and that the low ones of rocks sharpened with similar condition of the sea should be avoidable.

At the end of the parking it was parked a van. The lateral door was opened, appearing four persons with bags of sport that put then in the soil. Forthwith, they began to unload the tables and to put on their wetsuits. The distance up to the beach was used as a soft warming, before joining the water. They were towards El Muro, being the first in the day of waves because still there were anyone in the sea. The waves were, at the midday, regular and elongated. Them were supplying different tracings depending on the zone. The size, which was over one meter and a half, had in its medium soft and spontaneous trips. It was playing the sea with its volume of water, describing forms of great beauty and intoning a singing siren that was opening the door in the day of surf that it was going to begin.

On the comb of a wave there rode one of those surfers. Slipping on the closing he advanced several meters, to finish on the foam, with balance. Dani finished his coffee and we returned to look for the equipments. El Muro was waiting for the advance of the tide. Wave after wave was molding a slide that was opening to left side, curling the comb near the wall and prolonging the tracing beyond the curl. We went to the sandbank through the penultimate entry. Irne indicated in the distance, a big wave was walking on the surface. After hitting against the rock wall, it described a curved silhouette that reached a big distance.

The warm water of September reminded the high summer temperatures. We were paddling and exchanging impressions on the present quality, the best zones and the rocky bottom. Irne came first and placed in the begining of the straight line, under the semicircle that sustains the roundabout of the end of the road. Looking with attention for any change of the sea, we scanned the horizon. The emotions and the desires were increasing its presence, making forget the own corporal weight. There came the first wave of that day, it was full with passion. Irne, who was raised up by the wave, was catapulted. We lost his track, which was concealed by the size of the wave. Dani moved his board to half a distance of my position. A little time later the second wave arrived. The water volume raised my board up to the height of the road. There, for the weight of the emotion that was throwing of me forwards, I undertook the decrease. Cutting to left side I contacted the water. I advanced with the hand rubbing the rampant surface. The panoramic who was enjoying in that perspective, provoked a sensation like a satiating flavor that nevertheless was endowing the trip of lightness. The wave was losing its force, up to be equal with the level of the sea. Already lying, I returned rapidly to the same point.

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